Estaba loca, joder, estaba loca. Tenía en su cabeza una locura preciosa. ¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?

Feb 14, 2013

Catorce de febrero

San Valentín. Hace ya algunos años que esa idea no me emociona, como al parecer emociona a la mayoría de las personas. Es un día como todos los demás, claro que lo que lo hace parecer diferente es toda esa gente con globos y regalos. Globos rojos y rosados, de todos colores, mantas pegadas en las paredes, chicos y chicas corriendo y abrazándose, miles de sonrisas y carcajadas por todos lados, los miles de “te quiero”, “te amo” y “eres mi mejor amigo”. En fin, para qué entrar en detalles, ya saben, todo eso…
Pero  el hecho de que la sociedad haya elegido este día para derrochar amor, no significa que yo tenga que hacer lo mismo, no necesito seguir el protocolo. No quiero entrar a una tienda adornada con corazones para comprar osos de peluche, rosas, dulces o esos típicos regalos. No quiero escribir cartas por compromiso. No quiero dar abrazos ni besos que no me nacen dar. No quiero dar tarjetas de felicitación para decir algo que no siento. Porque, ¿qué sabe una tarjeta sobre mis sentimientos? Si siento algo lo digo o lo escribo, no necesito ayuda, no necesito de un día especial. Lo siento, pero yo no quiero vivir un San Valentín comercial. Porque eso es lo que son realmente todos los 14 de febrero: mercadotecnia.

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