Estaba loca, joder, estaba loca. Tenía en su cabeza una locura preciosa. ¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?

Feb 28, 2013

Me senté y lloré. Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río –las hojas, los insectos, las plumas de las aves– se transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho  tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.
A orillas del río Piedra me senté y lloré. El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que se mezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. En algún lugar ese río se junta con otro, después con otro, hasta que –lejos de mis ojos y de mi corazón– todas esas aguas se confunden con el mar.
Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré.
Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que eran míos y que yo no conocía.

Me acuerdo de mi instante mágico, de aquel momento en el que un “sí” o un “no” puede cambiar toda nuestra existencia. Parece que sucedió hace tanto tiempo y, sin embargo, hace apenas una semana que reencontré a mi amado y lo perdí.
A orillas del río Piedra escribí esta historia. Las manos se me helaban, las piernas se me entumecían a causa del frío y de la postura, y tenía que descansar continuamente.
–Procura vivir. Deja los recuerdos para los viejos –decía él.
Quizá el amor nos hace envejecer antes de tiempo, y nos vuelve jóvenes cuando pasa la juventud. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos? Por eso escribía, para transformar la tristeza en nostalgia, la soledad en recuerdos. Para que, cuando acabara de contarme a mí misma esta historia, pudiese jugar con el Piedra. Así –recordando las palabras de una santa– las aguas apagarían lo que el fuego escribió
Todas las historias de amor son iguales.

–Fragmento. 

Feb 25, 2013

Me han robado tu amor

Este no eres tú. No sé qué te ha pasado. Tantos días que estuvimos lejos, tantos días que me pasé las tardes inquietas preocupada por ti, pensando en lo que estarías haciendo, si te estarían alimentando bien o si te estarías sintiendo a gusto en aquél lugar, y todo parece indicar que tú no me has extrañado en ningún momento como yo. Porque  lo único que has hecho al verme es dar un pequeño salto a mi alrededor, un pequeño movimiento de tu cola y nada más. Te has quedado en aquellos brazos ajenos, y te has mostrado muy a gusto en ellos. Estoy celosa. Me pasé horas deseando que volvieras pronto, incluso no conseguí dormir la noche que te fuiste, ¿y ahora? Ahora que por fin te tengo frente a mí, no te importo para nada. No me has visto con los mismos ojos con los que yo te he mirado desde que saltaste del auto. No respondes cuando te llamo, me miras pero no te acercas. Te acarició suavemente la cabeza, me lames la mano, y ya nada. No percibo tu amor, y he dejado escapar un par de lágrimas. Parece que me han robado tu amor. ¿Y sabes? Eso me rompe el corazón. Porque siempre has sido ese alguien que le inyecta alegría a mis días, que me espera desde la otra cuadra de la casa cuando vuelvo de la escuela, que me llena de mimos cuando estoy triste o de malas… Este de aquí no eres tú. No puedes ser tú. No sé qué te ha pasado, no sé qué te han hecho, pero quiero que regreses. Quiero que me sigas amando como siempre. Por favor, porque esta locura me mata. No puedes haberme dejado de amar tan pronto…

Feb 22, 2013

'Cause I dream of his lips on my cheek

Le miró detenidamente. Necesitaba considerar todos los pros y los contras de lo que estaba  a punto de hacer, o más bien, de lo que quería hacer.
Aquellas mejillas resultaban tan atractivas que ya no podía resistirse más a la idea de besarlas, besarlas tiernamente por mero gusto y no como parte de un saludo cordial. Pero ¿cómo conseguirlo? En primera, debía encontrar la manera de estar lo suficientemente cerca de él para poder estirarse y besarle. En segunda, no tendría que haber tanta gente cerca, o de lo contrario, jamás tendría el valor. Y en tercera, ¿qué diría ella cuando él la mirara asombrado y preguntara por qué? ¿Sería adecuado quedarse callada, sonreírle amistosamente y continuar como si nada? ¿Podría soportar tanto nerviosismo? ¿De verdad podría soportarlo?
Sacudió la cabeza. Basta ya de pensar, se dijo a sí misma. Pensar no ayudaba en nada, al contrario, la acobardaba más. Mejor sólo hacerlo y ya. Acercársele, posar los labios en aquellas mejillas rosadas, y listo. Qué importaba lo que pudiera ocurrir después.
Locura. Debía empaparse de esa locura de siempre que se adueña de su cuerpo y le permite atreverse a hacer cosas que normalmente no se atreve a hacer. Sí, eso era, necesitaba un poco de locura. Además, si al hacerlo él llegaba a preguntar ¿por qué?, ella podría contestar:
−Porque mi locura me obligó a hacerlo.
Y eso sería todo. Él entendería. Porque él había sido la razón de aquello que fue llamado “La última locura”, así que conocía de pies a cabeza lo que esa respuesta significaba, no habría nada que explicarle.

Ella soñaba con sus labios en su mejilla, lo había soñado desde siempre, ya era hora de hacerlo realidad. Así que, se dejó de prejuicios, se levantó del suelo y caminó con los ojos fijos en una sola dirección…

Feb 14, 2013

Catorce de febrero

San Valentín. Hace ya algunos años que esa idea no me emociona, como al parecer emociona a la mayoría de las personas. Es un día como todos los demás, claro que lo que lo hace parecer diferente es toda esa gente con globos y regalos. Globos rojos y rosados, de todos colores, mantas pegadas en las paredes, chicos y chicas corriendo y abrazándose, miles de sonrisas y carcajadas por todos lados, los miles de “te quiero”, “te amo” y “eres mi mejor amigo”. En fin, para qué entrar en detalles, ya saben, todo eso…
Pero  el hecho de que la sociedad haya elegido este día para derrochar amor, no significa que yo tenga que hacer lo mismo, no necesito seguir el protocolo. No quiero entrar a una tienda adornada con corazones para comprar osos de peluche, rosas, dulces o esos típicos regalos. No quiero escribir cartas por compromiso. No quiero dar abrazos ni besos que no me nacen dar. No quiero dar tarjetas de felicitación para decir algo que no siento. Porque, ¿qué sabe una tarjeta sobre mis sentimientos? Si siento algo lo digo o lo escribo, no necesito ayuda, no necesito de un día especial. Lo siento, pero yo no quiero vivir un San Valentín comercial. Porque eso es lo que son realmente todos los 14 de febrero: mercadotecnia.

Feb 6, 2013

La de la mala suerte

Si no le conociera, diría que siempre va por el mundo persiguiendo malas experiencias y malgastando su tiempo en los amores más imposibles que se le cruzan en su camino. Porque no es la primera ni la última vez que pasa por algo así: un sentimiento inmensurable que no es correspondido que se convierte después de unos meses en un vacío gigantesco en el estómago, de esos que te retuercen hasta más no poder.
Si no le conociera, pensaría que son tantos los errores que ha cometido que ni intentándolo un millón de veces podrá levantarse de algo así.
Pero le conozco muy bien, y sé que nada es cierto. Que a pesar de los malos tragos, de los amores no correspondidos, y de todo eso que quita las ganas de vivir, siempre tiene una sonrisa en la cara. Y por supuesto, pluma y papel. Porque aunque lo intente todo y no tenga éxito, por mucho que sufra, por mucho que llore, por mucho que le rompan el corazón, siempre hay un espacio en blanco en aquél cuadernillo viejo dispuesto a formar parte de lo que ella llama su arte.
Yo le conozco bien, cada mala experiencia, cada lágrima, cada error, cada desilusión, cada fracaso y cada noche en vela, le lleva a la inspiración.