Estaba loca, joder, estaba loca. Tenía en su cabeza una locura preciosa. ¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?

Jul 31, 2015

Cuentos, puros cuentos.

Y salí de viaje, y te extrañé como nunca.
Y por primera vez sentía que tenía a alguien que esperaba por mí allá a miles de kilómetros. Tenía a lo primero que quería ver al bajarme del avión, a quien me abriría la puerta de la casa y me recibiría con un abrazo. 
Por primera vez no era yo la que veía marchar a alguien, yo era quien me marchaba. Por primera vez no era yo quién se quedaba esperando un regreso, yo era quien ya quería volver, alguien me esperaba. Por primera vez no era yo quien iba a la central de autobuses o al aeropuerto a recibir a alguien, era a mí a quien me irían a recibir. Pero debí saberlo, esas son sólo ideas cursis.
La realidad es que la vida no se detiene porque nos extrañemos muchísimo. No moverás cielo, mar y tierra porque te mueres por verme, ni suspenderás tus actividades para colgarte horas hablando al teléfono conmigo. Ni tampoco te negarás a salir con tus amigos simplemente porque ese día coincide con mi llegada. 
Debí saberlo bien. Es mi culpa por leer todo lo bonito del amor y ver tanta película romántica, y creer que quizás pudiera pasarme lo mismo (sin tanta cursilería claro). Definitivamente es mi culpa. No debí inventar la historia en mi cabeza de que mi llegada a la ciudad sería hermosa contigo esperándome. Debí saberlo, esas cosas no le pasan a alguien como yo, son puros cuentos.

Jul 15, 2015

Demasiado nunca es bueno.

Demasiado: Indica una cantidad, número, intensidad o grado mayor del necesario, del que se esperaba o del que se considera conveniente.
Piensas demasiado.
Le quieres demasiado.
¿Me has oído hablar de ello? Demasiado nunca es bueno. Siempre me lo he dicho.
Pero hoy así me tienes: Cada que siento que me estoy portando como paranoica, queriendo tenerte cada segundo a mi lado, o hablar contigo, saber de ti, escucharte reír, ver tu “escribiendo” en la pantalla, cada que siento que intento poseerte, corro y busco en mis libretas viejas aquella carta que escribí hace un tiempo y nunca te entregué, diciéndote que las cosas no funcionan si me quieres más de lo que yo puedo quererte y que el amor no se trata de posesión.
Aquí me tienes, sentada sobre la cama tragándome mis propias palabras.
Sintiendo demasiado.
Queriéndote demasiado.
Extrañándote demasiado.

Siempre fui una persona solitaria, no sé qué carajo me hiciste para que ahora no me guste estar sola, y menos sin ti. Supongo que me acostumbré demasiado a tu presencia, vamos, si me meto a los números, de las 24 horas del día, al menos la tercera parte lo paso en la escuela, contigo. Mi celular no me sirve para nada si no es para recibir tus mensajes. Mi casa, siempre vacía, se ilumina cuando llegas tú. Iluminas todo. Enciendes fuegos artificiales en mí. ¿Cómo no te voy a echar de menos? ¿Cómo no voy a querer tenerte a mi lado siempre?
Por eso aquí me tienes. Leyendo esos viejos garabatos que me atrevo a llamar carta, y recuerdo que meses atrás tú estuviste como yo ahora, y que yo era más o menos como hoy lo eres tú. Cambiaron los papeles.
Me pongo en tu lugar, y si pudiste soportarlo yo debo hacerlo también, porque no quiero que te canses de esta chica sensible y falta de cariño y complicada  en la que me he convertido, y que pide a gritos que no la dejes. Porque si antes parecía dura y fría, hoy ya no queda nada de eso.

Me asusta que todo ese tiempo que fuimos un sube y baja de emociones me lo hayas dado todo, y que ahora, que estoy completamente segura que mi sitio es a tu lado, sea demasiado tarde y ya no puedas/quieras ofrecer nada más. Ya sabes, el típico “quien no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera” que tú tanto citas.

Jul 2, 2015

Que te vaya bonito.

A orillas de mi cama me senté y pensé en ti. Pero no te lloré.
Y saqué todas tus cartas de mi monedero, y no te lloré.
Y escondí tu foto detrás de la de alguien más, y no te lloré.
Y borré todas tus fotos de mi teléfono, y no te lloré.
Y le quité la marca de favorito a tu nombre en las redes sociales, y no lloré.
Y me deshice de esa tonta promesa de “en un futuro estaremos juntos”, y no lloré, al contrario, sonreí.
–Ya no hay nada de ti en mí –escribiste.
¿Recuerdas aquél día? Pues desde ese día. Tu noticia cayó como balde de agua fría, pero tampoco te lloré. Ya estamos de acuerdo, ya no hay de ti en mí desde aquél día. Tú ya ni siquiera eres tú, y yo ya no soy yo. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Iniciaste una nueva vida con alguien más, como bien me dijiste, y la verdad es que yo también. Ya no te pertenezco. Y es bonito. Y está bien. De aquél amor sólo quedan recuerdos, y lo admito, a veces pienso en ellos, pero ya no me tocan más.
No sé ni siquiera para qué te escribo. Me curaste, a la mala, pero me curaste.

Ojalá que te vaya bonito.